Política de privacidad
Vigente desde el 26 de octubre de 2026.
Esta política explica qué información maneja ProfitFactory, de dónde sale, para qué la usamos, con quién la compartimos y cuánto tiempo la guardamos. Está escrita para que se entienda sin ser abogado: cada vez que aparece un término técnico, lo explicamos ahí mismo.
Quién responde por tus datos
ProfitFactory es un servicio de EcomFactory LLC, con domicilio en 1325 Daffodil Ave Unit C, McAllen, TX 78501, Estados Unidos. Somos quienes decidimos qué se hace con la información que se describe más abajo, y por lo tanto somos a quienes puedes reclamar.
Para cualquier asunto relacionado con esta política —una duda, una corrección, ejercer tus derechos o pedir que borremos tu cuenta— escríbenos a saas@profitfactory.mx. Es la dirección para todo lo que tenga que ver con tus datos, y la leemos nosotros.
Dos tipos de datos, y dos papeles distintos
Por ProfitFactory pasan dos clases de información muy diferentes, y nuestro papel frente a cada una no es el mismo. Conviene tenerlo claro desde el principio porque cambia a quién le tienes que escribir cuando algo hay que corregir.
De tus datos somos responsables. Ser responsable significa que nosotros decidimos para qué se usan: tú contrataste el servicio con nosotros, nosotros definimos qué se guarda y con qué fin, y si quieres verlos, corregirlos o borrarlos, nos escribes a nosotros.
De los datos de tus compradores somos encargados. Ser encargado significa que los tratamos por cuenta tuya y siguiendo tus instrucciones, no las nuestras: esa información entra a ProfitFactory porque tú la traes desde tu cuenta de Dropi o de Shopify, y sigue siendo tuya. El responsable frente a esas personas eres tú, que fuiste quien les vendió.
La consecuencia práctica es concreta, y es el motivo de la distinción: si un comprador tuyo quiere saber qué información existe sobre él, corregirla o pedir que se borre, tiene que dirigirse a ti, el comerciante que le vendió, y no a nosotros. Nosotros no tenemos ninguna relación con esa persona ni forma de comprobar que quien escribe es realmente quien dice ser.
Qué datos tratamos
De ti, como cliente. El correo con el que entras a ProfitFactory, y el nombre, el apellido, el teléfono y la foto que decidas capturar en tu perfil, junto con el nombre de tu tienda. Cuando conectas tu cuenta de Meta guardamos además tu identificador, tu nombre y tu foto de perfil de esa red, para poder mostrarte con qué cuenta estás conectado; de Shopify guardamos el dominio de tu tienda. Si contratas un plan de pago, guardamos el identificador de cliente que nos devuelve el procesador de pagos, qué plan tienes y sus fechas: tu tarjeta no pasa por nosotros ni la guardamos. De la comprobación de tu comunidad de Dropi, descrita más abajo en «Con quién se comparten», guardamos el resultado: si tu cuenta de Dropi pertenece o no a la comunidad, el identificador de esa comunidad, el estado de tu pertenencia tal como lo informa Dropi, el nombre de tu tienda en Dropi y la fecha de la última comprobación.
Y tus llaves de acceso. Para conectarnos a Meta, a Shopify, a Google y, si lo conectas, a Chatea Pro en tu nombre guardamos unas credenciales que esos servicios emiten —lo que en el mundo técnico se llama un token, y que funciona como una llave con permisos limitados que puedes revocar cuando quieras—, más tu clave de Google Maps, tu clave de HERE si das de alta una, y el código que vincula la extensión de Chrome con tu cuenta. Todas se guardan cifradas en reposo: cifrar en reposo significa que en la base de datos no está el valor legible sino una versión codificada, que solo nuestro servidor puede volver a convertir en la llave original en el momento de usarla. Las credenciales de Meta, de Shopify, de Google, de HERE y de Chatea Pro no se le devuelven nunca a tu navegador, ni siquiera a ti. La única excepción es el código de la extensión, que es tuyo y que la propia extensión necesita para poder subirnos tus pedidos: se lo entregamos una sola vez, cuando la vinculas, a cambio de un código de un solo uso que caduca.
De tus compradores. De cada pedido tratamos el número de pedido, el producto y las cantidades, los importes (venta, flete y ganancia), la ciudad y el estado de destino, el código postal de entrega, la transportadora y el historial de entrega y devolución: cuándo cambió de estado, si se entregó, si se devolvió y la causa que reporta la transportadora. El código postal, a diferencia de la dirección completa descrita abajo, señala una zona y no a una persona, y por eso se conserva de todos los pedidos, no solo de los pendientes: con él podemos enseñarte en qué zonas te va mejor o peor.
La dirección de entrega completa, junto con la colonia y el código postal tal como los escribió el comprador, se trata únicamente mientras el pedido está en alguno de los dos estados pendientes de Dropi, que es justo cuando todavía sirve de algo corregirla para evitar una devolución. En cuanto el pedido sale de esos estados, el renglón que contiene esa dirección se borra completo y de forma automática. No conservamos la dirección de entrega de los pedidos ya entregados ni ya devueltos.
Si conectas Chatea Pro (descrito abajo, en «Con quién se comparten»), de cada pedido al que se le escribe por WhatsApp guardamos solo el identificador de ese cliente dentro de tu Chatea, en qué punto está el envío y la hora en que se mandó y en que el cliente contestó. No guardamos su teléfono ni el texto de sus mensajes: la conversación se le pide a tu Chatea en el momento de enseñártela y no se queda aquí.
Del teléfono y del correo del comprador tratamos solo una huella irreversible —lo que técnicamente se llama un hash: un código de longitud fija que se calcula a partir del dato y del que no se puede volver atrás para recuperarlo—. Esa huella se calcula en tu propio navegador, dentro de la extensión, y el teléfono y el correo legibles se descartan antes de que salga cualquier cosa hacia nosotros; nuestro servidor los vuelve a descartar por si acaso. El nombre, el apellido, el teléfono y el correo del comprador no llegan a ProfitFactory.
Esa huella se guarda con una finalidad concreta y conviene decirla entera: sirve para poder entregarle a Meta, el día que actives esa función, la lista de quién te pagó de verdad y quién no recogió su pedido, y que Meta afine a quién le enseña tus anuncios. En el pago contra entrega eso importa mucho, porque un pedido generado no es una venta. Meta compara huellas contra huellas: ni Meta ni nosotros vemos el teléfono ni el correo. Hoy esa función no está construida y no se le manda nada a Meta; las huellas se guardan y ahí se quedan. Si algún día se activa, te lo avisaremos antes, como cualquier otro cambio de fondo, y esta política lo dirá en presente.
Volvemos un momento a la dirección, porque hay una salvedad que preferimos decir a que se descubra. De haberla revisado quedan guardadas dos cosas junto al pedido, y esas sí de forma permanente: la corrección, cuando la hubo —el código postal o el nombre de colonia buenos, que señalan una zona y no a una persona—, y otra huella irreversible, esta de la dirección, que existe solo para saber si el texto cambió desde la última revisión y no repetir esa revisión de balde. Ninguna de las dos permite reconstruir dónde vive nadie, pero son rastro de un pedido y por eso las declaramos.
Cuando un pedido está pendiente, tratamos también las cifras que Dropi publica sobre ese comprador dentro de su propia red —cuántos pedidos ha hecho, cuántos le entregaron, cuántos devolvió y la etiqueta de riesgo que Dropi le asigna—, para que puedas decidir si te conviene despacharlo. Son cifras agregadas, viven en el mismo renglón que la dirección y desaparecen con él.
De tu negocio. Tu catálogo de productos con sus claves y nombres, los costos que capturas para cada uno, los costos fijos y los escenarios que guardes en la calculadora de rentabilidad, y el gasto publicitario por campaña y por día que leemos de tu cuenta de Meta. Nada de esto identifica a una persona, pero es información comercial tuya y la tratamos como tal.
De dónde salen esos datos
De la extensión de Chrome de ProfitFactory. La extensión corre en tu navegador y trabaja con tu propia sesión de Dropi: la que tú ya tienes abierta cuando entras a Dropi como cualquier otro día. No guardamos tu contraseña de Dropi, no la conocemos, y no entramos a Dropi por nuestra cuenta ni cuando tú no estás. Si cierras sesión en Dropi o desinstalas la extensión, la sincronización simplemente deja de ocurrir.
De Meta y de Shopify, con tu autorización. Conectas esas cuentas desde la app y eres tú quien concede el permiso en la pantalla del propio Meta o del propio Shopify. Nosotros recibimos una llave de acceso limitada, no tu contraseña.
Y aquí hay una diferencia con la extensión que preferimos decir a que se descubra, porque cambia lo que estás autorizando. Una vez que concediste ese permiso, son nuestros servidores los que consultan esas dos cuentas de forma automática y periódica, también cuando tú no has iniciado sesión: no hace falta que abras la aplicación ni que pulses nada. Es lo que mantiene al día tu gasto publicitario y tus pedidos de Shopify sin que tengas que acordarte de pedirlo. Con Dropi no ocurre —ahí hace falta tu navegador y tu sesión, como se explica arriba—, y por eso van en párrafos separados.
Precisamente por eso, ese acceso lo cortas tú cuando quieras: revocando el permiso en el propio Meta o en el propio Shopify, o desconectando la cuenta en ProfitFactory. Desde ese momento dejamos de poder consultarlas, con o sin sesión tuya abierta.
De lo que escribes a mano. Tus datos de perfil, los costos de cada producto, los costos fijos, las correcciones de direcciones y los escenarios de la calculadora los capturas tú.
Para qué los usamos, y para qué no
Las finalidades del tratamiento de tus datos personales y los de tus compradores son dos, y no hay una tercera. La primera, que es para lo que existe el servicio: calcular la rentabilidad de tu operación y enseñártela. Eso incluye cruzar tus pedidos con tu gasto publicitario para saber cuánto ganas de verdad después de las devoluciones, ordenar tus productos por lo que dejan, señalarte las direcciones que probablemente terminen en una devolución, y darte el contexto que necesitas para decidir qué despachar.
La segunda es administrar tu cuenta: usamos tu correo para lo indispensable del servicio —avisarte de algo que le afecte, permitirte recuperar tu contraseña, responderte cuando escribes— y tus datos de suscripción para cobrarte el plan que contrataste.
Hay un tercer uso que conviene nombrar aquí aunque no sea una finalidad de este apartado, para que no parezca escondido: de la operación del servicio podremos derivar estadísticas agregadas y anónimas —tasas de entrega y devolución por transportadora, por estado y por código postal— con las que elaborar comparativas que beneficien a todos los comerciantes. Se llaman agregadas porque salen de sumar muchos casos, y anónimas porque de la cifra resultante no se puede volver a una persona ni a un negocio. Está en futuro a propósito: hoy no combinamos las cifras de unas cuentas con las de otras, y todo lo que la aplicación calcula sale de tus propios datos y de nadie más. Lo que existe es el permiso, con los tres límites con los que se otorga —ninguna cifra de menos de cinco comerciantes, nunca datos que identifiquen a un comprador, nunca reventa—, y está en los términos del servicio. Si algún día se construye, esta política lo dirá en presente.
Y ahora lo que no hacemos, que importa igual. No vendemos tus datos ni los de tus compradores, a nadie y por ningún precio. No los cedemos a terceros para que los usen con fines propios; los únicos terceros que los tocan son los que aparecen en la sección siguiente, cada uno para hacer funcionar una parte del servicio. No alimentan publicidad nuestra: no anunciamos nada con la información que tú traes aquí. Y hoy tampoco alimentan la tuya: no construimos audiencias publicitarias con tus compradores ni le entregamos a ninguna red una lista de ellos. Si eso cambia será porque tú lo actives, con las huellas irreversibles que se explican arriba y nunca con datos legibles.
Con quién se comparten
Para prestar el servicio nos apoyamos en un puñado de proveedores. Esta es la lista completa, con lo que recibe cada uno y para qué.
Supabase es la base de datos donde vive toda la información descrita arriba. Es nuestro proveedor de almacenamiento y de inicio de sesión.
Vercel es donde está alojada la aplicación, así que todo el tráfico entre tu navegador y ProfitFactory pasa por sus servidores.
Google Maps Platform recibe la dirección de entrega de tu comprador —calle, colonia, código postal, ciudad y estado— para comprobar que esa dirección existe y localizarla en el mapa antes de que despaches el pedido. Se le consulta con tu propia clave de Google, la que tú das de alta en Ajustes, así que el consumo va a tu cuenta y no a la nuestra. No le mandamos el nombre ni el teléfono del comprador, porque no los tenemos. Nada de lo que responde HERE (más abajo) se le manda a Google: son dos consultas separadas. Aparte de HERE —que solo interviene si tienes encendido el Bot de direcciones—, Chatea Pro y el proveedor de inteligencia artificial del Bot de direcciones —que solo ocurren si tú los conectas, y se explican aquí mismo y más abajo—, es la única salida automática de datos personales de tus compradores hacia un tercero, y por eso está nombrada aquí con todas sus letras: si no quieres que ocurra, no des de alta tu clave de Google y esa función queda desactivada.
HERE recibe, solo de los pedidos que el bot no pudo confirmar con Google y solo si tienes encendido el Bot de direcciones, la calle y el número, la colonia, el municipio, el estado y el código postal del comprador, para confirmar que esa puerta existe. Nunca recibe el nombre, el teléfono ni el correo del comprador, porque no los tenemos. Se le consulta con la clave de ProfitFactory —o con la tuya, si la das de alta en Ajustes—. De su respuesta solo apuntamos que confirmó la puerta; nada de lo que trae: ni su dirección, ni su punto en el mapa, ni ningún dato que HERE haya corregido o completado; y no se la mandamos a Google ni a nadie más. Lo que queda escrito es la dirección que dio tu propio comprador —su calle, su número y su código postal—, con su colonia escrita como la nombra el catálogo oficial de Correos de México (SEPOMEX) y la ciudad y el estado del pedido; nunca algo redactado por HERE. Si apagas el Bot de direcciones, deja de ocurrir.
Decimos automática porque hay un segundo camino hacia Google, y lo abres tú: en la pantalla de direcciones hay un botón para ver el pedido en Google Maps. Si ese pedido ya tiene coordenadas, el enlace lleva las coordenadas; si no las tiene —porque no se pudo comprobar la dirección o Google no encontró la calle—, lo que lleva es la dirección escrita. Va a la misma empresa que ya está nombrada arriba, pero no pasa por tu clave, no lo decidimos nosotros y no ocurre si no pulsas.
Meta nos entrega, con tu autorización, la lista de tus campañas y cuánto gastaste en cada una por día. La relación es de solo lectura: no le subimos ningún dato. No le mandamos tus pedidos, ni tus compradores, ni listas de personas para segmentar anuncios.
Shopify nos entrega, con tu autorización, una parte de tus pedidos y tu catálogo. La conexión es una aplicación por tienda y también es de lectura. Conviene ser exactos con la parte, porque no son todos: solo pedimos los pedidos que llevan la etiqueta del formulario de pago contra entrega —la que pone Releasit—, que son los que tienen que ver con esta herramienta; los demás pedidos de tu tienda no los consultamos. De cada uno consultamos el número de pedido, la fecha en que se creó y la de su última modificación, los artículos con su clave, su nombre y su cantidad, y los atributos adicionales que el formulario deja en el pedido: de ahí sacamos, cuando viene, de qué campaña llegó la venta, y descartamos cualquier otro atributo antes de guardar nada. Del catálogo consultamos el nombre de cada producto, si está activo y las claves de sus variantes. No pedimos ni el nombre, ni la dirección, ni el teléfono, ni el correo de quienes te compraron ahí.
Google Drive: el servidor descarga de ahí, dos veces al día, el archivo de cobertura postal que publica Dropi —qué paqueterías llegan a cada código postal—, para que lo puedas bajar en el formato que pide Releasit. Es un documento público de Dropi, no tuyo ni de tus compradores, y no le mandamos ningún dato de ninguna persona: solo pedimos el archivo por su identificador.
Stripe procesa el cobro. Recibe tu correo y tus datos de pago; nosotros no vemos ni guardamos tu tarjeta. De vuelta solo recibimos el identificador de cliente y el estado de tu suscripción.
Resend entrega los correos con los que invitas a alguien a tu equipo. Cuando invitas a una persona, recibe su dirección de correo, tu nombre (o «Alguien de tu equipo» si no lo tienes), el nombre de tu negocio, el tipo de acceso que le das y el enlace para aceptar. No recibe tus pedidos, ni tus cifras, ni ningún dato de tus compradores.
Chatea Pro (opcional): si conectas tu cuenta, ProfitFactory usa tu clave de su API —la llave que Chatea te da para que otro programa trabaje con tu cuenta— para buscar al cliente de un pedido en tu propio Chatea, mandarle por WhatsApp la plantilla de confirmar dirección y enseñarte su conversación. Para eso Chatea recibe el número de pedido, para encontrar a ese cliente entre tus contactos; la dirección de entrega—calle, colonia y código postal—, que va dentro de la plantilla junto con una pregunta sobre el dato de esa misma dirección que no pudimos comprobar (por ejemplo, «Su dirección no tiene número de casa. ¿Nos lo comparte?»), sin ningún dato más; y los mensajes que tú le escribas al cliente desde ProfitFactory. Si enciendes el envío automático, la plantilla sale sola, sin que pulses nada, cuando el pedido entra en «Contactar al cliente». Si enciendes el Bot de direcciones con su opción «Mandar WhatsApp a los pedidos en “Contactar al cliente”» (viene marcada), la plantilla también sale sola a los pedidos que estén en «Contactar al cliente», aunque el envío automático esté apagado; y el bot puede mandarle al cliente, por ese mismo WhatsApp, una de tres frases fijas para pedirle el dato que falta (por ejemplo, «Gracias. Con lo que nos escribió todavía no logramos ubicar su domicilio en el mapa: nos falta el número exterior de su casa. ¿Nos lo confirma? Si no tiene número, díganos entre qué calles está o alguna referencia.»). El bot nunca redacta un mensaje propio. Tu clave se guarda cifrada y nunca vuelve a tu navegador. No guardamos el teléfono del cliente ni el texto de sus mensajes. Si no conectas Chatea Pro, nada de esto ocurre.
Dropi es un caso distinto de los demás, y por eso conviene explicarlo con detalle. Cada vez que sincronizas, la extensión le pregunta a Dropi por la ficha de tu propia cuenta, desde la página de Dropi y con la sesión que ya tienes abierta, para saber si perteneces a una comunidad determinada de Dropi. Lo hacemos para poder restringir el acceso a ProfitFactory a los miembros de esa comunidad. La credencial de tu sesión de Dropi no sale de tu navegador: no nos la manda la extensión y no la vemos. La ficha que Dropi entrega trae mucho más de lo que nos hace falta, y la extensión solo nos manda tres cosas: el identificador de tu cuenta de Dropi, el nombre de tu tienda y tu pertenencia a una comunidad (cuál y en qué estado). Con eso guardamos cinco valores: si perteneces o no a la comunidad, el identificador de esa comunidad, el estado de tu pertenencia tal como lo informa Dropi, el nombre de tu tienda en Dropi y la fecha en que se hizo la comprobación. El resto de esa ficha no sale de tu navegador.
El proveedor de inteligencia artificial que tú conectes (opcional). Inteligencia artificial es un programa que lee un texto y propone una respuesta, en vez de seguir una receta fija. Por sí sola, ProfitFactory no le manda ningún dato a ningún modelo de inteligencia artificial, ni para responderte a ti ni para entrenarlo —salvo lo que tú mismo escribas en el chat de soporte, que se explica dos párrafos más abajo—. Eso cambia únicamente si tú haces, a propósito, las dos cosas siguientes: enciendes el Bot de direcciones (el panel «⚙ Bot de direcciones» de la pantalla de Direcciones) y, ahí mismo, conectas tu propia clave de uno de cuatro proveedores — Anthropic (Claude), OpenAI, Google (Gemini) o Groq—. Si hiciste las dos cosas, a ese proveedor le mandamos exactamente esto, y nada más:
Para decidir una dirección dudosa (las de «Revisión manual»): la dirección que escribió el comprador, la versión que propone Google para esa dirección, la colonia, el código postal y los avisos del validador —las notas de nuestra comprobación, como «falta el número exterior»—.
Para leer lo que te contesta tu comprador por WhatsApp cuando le preguntamos por su dirección: la dirección que le mandamos y hasta los últimos 10 mensajes que el comprador escribió desde la última vez que el bot leyó esa conversación, aunque no sean una respuesta a la pregunta (una queja o una duda sobre el precio, por ejemplo: el bot no sabe cuáles lo son hasta leerlos). También la pregunta concreta que le hicimos en ese primer mensaje (qué dato de su dirección no pudimos comprobar). Si el bot ya le había hecho una pregunta después, también esa pregunta y la dirección que propuso para ese pedido (la que haya en la casilla de dirección corregida en ese momento).
En los dos casos, además, las instrucciones que tú le escribiste al bot en ese panel. Nunca le mandamos de nuestra parte el nombre ni el teléfono del comprador, ni el producto ni los importes del pedido (salvo lo que el propio comprador escriba en sus mensajes). Todo viaja bajo tu propia cuenta con ese proveedor y según sus propios términos —es tu clave, no la nuestra, igual que con tu clave de Google Maps más arriba—. Nosotros no entrenamos ningún modelo con esos datos. Pero algunos niveles gratuitos de estos proveedores —por ejemplo, el nivel gratuito de Google Gemini— pueden usar lo que les mandas para mejorar o entrenar sus modelos: antes de conectar una clave, revisa los términos del proveedor y del plan que uses. Puedes apagar el bot o quitar tu clave cuando quieras, desde ese mismo panel; en cuanto lo hagas, esto deja de ocurrir.
El asistente del chat de soporte (solo si lo usas). El botón de soporte abre un chat donde contesta primero un asistente de inteligencia artificial. Para que pueda responderte, a un proveedor de inteligencia artificial contratado y pagado por ProfitFactory (uno de los cuatro de arriba) le mandamos: los mensajes que escribes en esa conversación y las respuestas que ya te dio, la pantalla de la app desde la que abriste el chat y los nombres de los archivos que adjuntes. Las capturas y los videos no se le mandan: se guardan en un almacenamiento privado y solo los ve el equipo de ProfitFactory para atender tu caso. Tampoco le mandamos los datos de tu negocio (pedidos, importes, compradores), salvo lo que tú escribas en el chat. Guardamos la conversación para poder darle seguimiento, junto con tu correo y el navegador que usabas. Nosotros no entrenamos ningún modelo con esos datos. Si no quieres que nada de esto ocurra, no uses el chat y escríbenos al correo de contacto.
Además de estos, compartimos información cuando una autoridad competente nos la requiere legalmente, y nada más. Fuera de ese supuesto, la lista de arriba es exhaustiva.
Dónde viven los datos: hay transferencia internacional
Conviene decirlo sin rodeos: tus datos se guardan y se procesan fuera de México, en los servidores de los proveedores nombrados arriba, y la empresa que presta el servicio está constituida en Estados Unidos. Eso significa que existe una transferencia internacional de datos: información recabada de personas en México que sale del país para almacenarse y tratarse en otro.
Al usar ProfitFactory aceptas esa transferencia, que es indispensable para poder prestarte el servicio. Los proveedores mencionados la reciben únicamente para las finalidades descritas en esta política, y con ellos rigen los términos de tratamiento de datos de cada uno. Que los datos salgan de México no reduce tus derechos: los que se describen más abajo los puedes ejercer igual, y con nosotros.
Cuánto tiempo los conservamos
Mientras tu cuenta esté activa conservamos tu información, porque es exactamente lo que le da sentido al servicio: la rentabilidad de un negocio se lee comparando meses, no días.
De tu lado hay dos acciones distintas, y conviene no confundirlas porque no hacen lo mismo con tus datos. Una es cancelar la suscripción: eso no borra nada. Tu cuenta pasa a solo lectura, tus datos se quedan donde estaban y los puedes seguir consultando; lo que se detiene es la sincronización. Está explicado en los términos del servicio.
La otra es pedir el borrado, que es lo único que hace que tus datos se vayan. Puedes pedirlo en cualquier momento y lo completamos en un plazo máximo de 30 días. Cómo se pide, qué se borra exactamente y qué conservamos después está explicado en Eliminar mis datos. En resumen, después de un borrado seguimos conservando los registros de facturación, porque la ley fiscal obliga a guardarlos un tiempo mínimo aunque hayas cerrado tu cuenta; y conservaríamos las estadísticas agregadas que hubiéramos elaborado, si las hubiera —hoy no las hay, como se explica más arriba—, porque una cifra que combina muchas cuentas deja de identificar a nadie en particular y no hay forma de deshacer esa operación matemática.
Y queda el caso que no depende de ti: si somos nosotros quienes cerramos tu cuenta, por alguno de los supuestos que enumeran los términos del servicio, conservamos tu información 90 días y después la eliminamos. Ese plazo existe por una razón práctica: es la ventana en la que se reconsidera, se vuelve, o se cae en la cuenta de que se quería una copia de la información — y durante ella nos la puedes pedir.
Hay un dato que se borra antes y por su cuenta: la dirección de entrega de un comprador, que como se explicó arriba desaparece automáticamente en cuanto el pedido deja de estar pendiente, sin que nadie tenga que pedirlo.
Cómo protegemos la información
Cada cuenta está aislada de las demás en la propia base de datos, no solamente en el código de la aplicación. La base tiene activada una protección llamada seguridad a nivel de fila, que quiere decir que cada renglón está marcado con el dueño al que pertenece y la base se niega a entregarle a una cuenta los renglones de otra, aunque una consulta lo pidiera por error.
Las llaves de acceso a Meta, a Shopify, a Google, a HERE, a Chatea Pro y a la extensión se guardan cifradas en reposo, y las cinco primeras no se devuelven nunca al navegador: se descifran solo en el servidor, en el instante de usarlas. Los mapas que ves en la pantalla de direcciones los pide el servidor a Google y te llegan ya dibujados, precisamente para que tu clave no tenga que viajar a la página. Todo el tráfico va cifrado entre tu navegador y nosotros.
Dicho lo cual, y por honestidad: ningún sistema es infalible. Hacemos lo que está descrito aquí y lo revisamos, pero no podemos garantizar de manera absoluta que nunca ocurra un incidente. Si llegara a ocurrir uno que afecte a tu información, te lo comunicaremos.
Tus derechos sobre tu información
Tienes derecho a acceder a los datos que tenemos de ti, a rectificarlos cuando estén equivocados o incompletos, a cancelarlos —es decir, pedir que los eliminemos— y a oponerte a que los usemos para una finalidad determinada. En México estos cuatro se conocen por sus iniciales, derechos ARCO. También puedes revocar en cualquier momento el consentimiento que nos diste, y limitar el uso o la divulgación de tu información.
Todos se ejercen por el mismo camino: escribiéndonos a saas@profitfactory.mx desde la misma dirección de correo con la que entras a ProfitFactory. Te pedimos que sea desde esa dirección porque es la única forma que tenemos de comprobar que quien pide es el dueño de la cuenta. Dinos qué quieres y te respondemos; si se trata de eliminar tu cuenta, el procedimiento y los plazos están en Eliminar mis datos.
Si eres comprador de alguno de nuestros clientes y llegaste aquí buscando tus datos, la sección de los dos papeles explica por qué tienes que dirigirte al comerciante que te vendió: es él quien decide sobre esa información y el único que puede identificarte con certeza. Si nos escribes, lo que haremos será remitirte a él.
Menores de edad
ProfitFactory es una herramienta para negocios y no está dirigida a menores de 18 años. No recabamos a sabiendas información de menores ni ofrecemos el servicio a quien no tenga capacidad legal para contratar. Si detectamos que una cuenta pertenece a un menor de edad, la cerraremos y eliminaremos su información.
Cambios a esta política
Esta política puede cambiar: el servicio crece y con él lo que hace con los datos. Cuando el cambio sea de fondo —un proveedor nuevo que reciba información, una finalidad distinta, un plazo de conservación más largo— te lo avisaremos por correo a la dirección de tu cuenta, antes de que entre en vigor. Los ajustes menores de redacción se publican aquí sin aviso.
La fecha del principio de esta página dice desde cuándo está vigente la versión que estás leyendo, que es la del 26 de octubre de 2026. Si vuelves y esa fecha cambió, es que hubo una revisión.